El origen de todo
El origen de la leyenda de los tres Reyes Magos lo encontramos en la Biblia. Su artífice fue, para ser más exactos, Mateo. El Apóstol fue el único de los autores del libro sagrado que dejó constancia de la existencia de estos personajes en las crónicas. En sus textos afirma que, después de que Jesús naciera en Belén «vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle». No señalaba, por tanto, ni el número concreto de Sus Majestades, ni su raza.
La cuestión les llevó hasta Herodes, rey del país. Mateo determina que, al oír esto, «el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo». La respuesta de todos fue unánime: en Belén, pues así lo decía la profecía.
En palabras del Apóstol, Herodes tendió entonces una trampa a los magos: les envió a la ciudad y les pidió que averiguasen todo lo que pudiesen acerca del niño, pues él quería adorarle también. «Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño».
El evangelista continúa señalando que, tras entrar en la casa en la que había nacido el pequeño, se postraron, le adoraron y le entregaron los tesoros que portaban: «le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra». Posteriormente se marcharon, pero no cumplieron su promesa de avisar al rey tras ser advertidos en sueños (por un poder superior) de lo que este pretendía.
«Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino», completa Mateo. Esta es la información que, posteriormente, daría lugar a la llegada de Sus Majestades a todas nuestras casas en la noche del 5 de enero. Una tradición que ha ido evolucionando con el paso de los siglos debido, entre otras cosas, a las múltiples versiones existentes.
Desde que tengo memoria, siempre me ilusionó recibir a los reyes magos, todo el año veía cuales eran los juguetes que les iba a pedir, aunque siempre la carta oficial era a partir de finales de noviembre. A pesar de que la tradición, marca tres regalos como al niño Dios, mis reyes nunca me pusieron límite para pedir, ellos consideraban que era lo que realmente quería y lo traían.
Recuerdo que mi Nenuco fue el juguete que más amé, mi bebé, lo adoré desde que lo vi, fue de mis mejores reyes, siempre fueron espléndidos, cuando tenía doce mi único deseo era un stereo, si un stereo ¡y lo trajeron! era tanta mi emoción que el unicel protector lo rompí en desesperación por ya quererlo ver y probarlo ¡y era el mejor! además tenía la suerte de tener unos reyes muy generosos, ya que no solo me traían en mi casa, también había regalos en la casa de mí amada abuela Chayo.
A pesar de crecer, la ilusión prevalece, a mi edad aún me dan reyes y aunque sea dinero o ropa y ya lo sabes, aún mantienes la emoción de bajar al árbol a ver si hay algo más. Actualmente disfruto de preguntar y ver que le trajeron a mí prima, pero lo que más, más espero de esta fecha, es partir la tradicional rosca, es todo un ritual, desde ver quién lo va a partir primero, estar a la expectativa de sí le saldrá o no el niño a esa persona y claro, una vez asomado, hacer la algarabía y gritar que te tocan los 10 tamales de tal sabor el 2 de enero. Para mí es mágico ver a mi familia reunida comiendo una vez más y tomando por supuesto el infaltable chocolate.
El año pasado exenté, pero este no me salvé, me salió la criatura y ni modo, a pagar los tamales.
Desde que tengo memoria, siempre me ilusionó recibir a los reyes magos, todo el año veía cuales eran los juguetes que les iba a pedir, aunque siempre la carta oficial era a partir de finales de noviembre. A pesar de que la tradición, marca tres regalos como al niño Dios, mis reyes nunca me pusieron límite para pedir, ellos consideraban que era lo que realmente quería y lo traían.
Recuerdo que mi Nenuco fue el juguete que más amé, mi bebé, lo adoré desde que lo vi, fue de mis mejores reyes, siempre fueron espléndidos, cuando tenía doce mi único deseo era un stereo, si un stereo ¡y lo trajeron! era tanta mi emoción que el unicel protector lo rompí en desesperación por ya quererlo ver y probarlo ¡y era el mejor! además tenía la suerte de tener unos reyes muy generosos, ya que no solo me traían en mi casa, también había regalos en la casa de mí amada abuela Chayo.
A pesar de crecer, la ilusión prevalece, a mi edad aún me dan reyes y aunque sea dinero o ropa y ya lo sabes, aún mantienes la emoción de bajar al árbol a ver si hay algo más. Actualmente disfruto de preguntar y ver que le trajeron a mí prima, pero lo que más, más espero de esta fecha, es partir la tradicional rosca, es todo un ritual, desde ver quién lo va a partir primero, estar a la expectativa de sí le saldrá o no el niño a esa persona y claro, una vez asomado, hacer la algarabía y gritar que te tocan los 10 tamales de tal sabor el 2 de enero. Para mí es mágico ver a mi familia reunida comiendo una vez más y tomando por supuesto el infaltable chocolate.
El año pasado exenté, pero este no me salvé, me salió la criatura y ni modo, a pagar los tamales.
¡¡¡¡¡ FELIZ DÍA DE REYES!!!!!

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